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elsaltodelarana

El Muchacho Que Perdiò Una Sabana

El Muchacho Que Perdiò Una Sabana

"Sencillamente todo estriba en la fórmula:
“Tendría usted la bondad de hacer tal cosa?»,
en lugar de: «¡Haga usted esto!”




--¡Qué Molleja, Primo!
--¡Sí, y todavía, parece que ella quería más.
--¡No me digas!
--¡Sí pero inmediatamente le paramos el trote y le dijimos al g... ese, que se quedara tranquilo, que nosotros no ocupábamos del asunto. Que cada uno de nosotros iba a ir con un martillo, mandarria, palo, o lo que fuera. Para que no le quedara ni un bloque, ni un pedacito de piso a ese asqueroso rancho.
--¿Y que dijo él. Hermano?
--¡Qué no!. Negó todo y por supuesto, no dejo que nadie reclamara, ni que hicieran nada.
--¡Que baina!, nosotros por lo menos lo hubiéramos vengado, esa mujer no debió de echarle una baina así al primo.....

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Música, baile, fiesta, humo. Son sinónimos en conjunto. Están unidos en el deforme e incongruente éxtasis del momento.

Allí Bailaban. Juntos los cuerpos al son de la pieza, descifrando los acordes en un vaivén de movimientos. El sudor, lo tibio del aliento, el humo que se une con el amargo del trago, el hielo que se desliza por la piel tratando de calmar un deseo, o alborotando las ideas.

Palabras que se dicen en instantes de cuerpos sumergidos en el marullo del embeleso, y el mareo que obnibula los sentidos, esperando que el tiempo inexorable termine en la resaca de los sueños.

--¡Quiero que seas mi mujer!... ¡Te vienes a vivir conmigo, con lo que gano no te faltará nada!.--,el hombre le habla muy cerca, en el oído, sus palabras son un susurro. La mujer sonríe halagada.
--¡Es un honor—ríe, muestra su dentadura, le responde con suavidad.---¡Pero no puedo!. ¡tú sabes que tengo marido, y dos chamos!, ¡tranquilo, mañana hablaremos, y te presentaré a mi hermana!.

La música continua. El hombre se tambalea, el licor lo tiene dominado, y sus sentidos fallan. Habla incoherencias, ya no se le entiende, se torna veleidoso, variable, y poco a poco se va convirtiendo en un inconveniente. Sometido por el alcohol, sus amigos lo rechazan, algunos, los que no lo conocen, lo miran mal. Los íntimos, se lo llevan y poco a poco va tambaleándose por las calles, el frió de la madrugada lo despabila un poco, logra encender un nuevo cigarrillo y lo arroja inmediatamente, un sabor insoportable le llega a la boca del estómago haciéndolo trasbocar, por fin llega a su casa, a tirarse en su catre desvencijado y viejo, que lo espera.

Al día siguiente, trata de recordar, de revivir lo pasado la fiesta en el bar. Solo una leve evocación se aferra a su mente.
El dolor de cabeza es insoportable. Piensa en el ahora y sonríe, me estoy haciendo viejo para estos trotes.

Al atardecer prepara sus cosas para el trabajo, limpia el arma, la que usa a diario, su compañera nocturna, la que llena de sudor, la que manosea todas las noches hasta el cansancio. Es la única compañera en las noches de insomnio.

Muy temprano en la mañana, antes de ir a dormir, pasa por la casa de la mujer, ella le prometió que le presentaría a su hermana, es un poco temprano para entrar. Esperaría un poco y llamaría.....

La oferta era tentadora, una por otra. Ella no era muy hermosa y estaba pasadita de años, pero era muy tratable. Allí en las noches sus ojos resplandecían, brillaban como luceros, todo cambiaba parecía que el ambiente la hacia rejuvenecer, se transformaba en otra persona. Mas audaz, más entradora y su conversación trataba varios temas o eso parecía.

En la mañana, los estragos de las noches se ven alrededor de los ojos, un halo sombrío los envuelve, y la mirada es apagada y los ojitos se achinan cuando la luz del sol quiere entrar por la ventana que cubre la cortina.....

--Es muy temprano. Te caíste de la cama--, le comenta la mujer medio dormida todavía.
--No, sabes que trabajo toda la noche y apenas vengo saliendo, te traje algo para comer y a ver cómo haces para presentarme a tu hermana.

Ella toma con una mueca que parece ser una sonrisa el paquete que le ofrece.

--Esperate un poco que voy a preparar café, --se estira, bosteza, desentumece los músculos y se va a la cocina.....

En el la habitación contigua se oye el murmullo del abanico, que gira y gira blandiendo en cada movimiento un soplido que trata de alejar el calor que viene aumentando a medida que el día se insinúa.

Un niño empieza a llorar, otro se asoma por entre unas cortinas y sonríe..

El hombre saluda y también le sonríe al niño.

La mujer regresa con una taza humante y olorosa, despidiendo fragancia de despertares alegres. Se la deja junto con una arepa y se va a atender al niño que llora.

El hombre toma el café degustando y saboreándolo, se va comiendo la arepa poco a poco, el día se va consumiendo, las tejas de cinc van calentando la habitación..
--Mira niño, pasa el abanico pa la sala. Está empezando a calentar.

--Bueno mujer, y ese otro niño que llora de quién es, yo se que tienes dos, este que me acaba de traer el abanico y la hembrita.
--El bebé es de mi hermana la que te voy a presentar para que te caseis con ella--.Ríe
--¡ Ah que bueno! .¿Y el compadre cuando viene?-
--¡tú sabes que el tarda porque está allá en los pozos, se van quince días y descansan otros quince.
--Eso debe ser la muerte allá en lo profundo del lago rodeado de agua, y sin ver a nadie durante quince días. Es para machos.
--Y después se tarda en venir, porque debe llevarle los cobres a la mujer, para los otros hijos y cuando lo sueltan se viene para acá—comentando con un tono de falsa resignación.

La mujer trae la criatura, y se la coloca al hombre en lo brazos y a manera de guasa le dice.—Para que la conozcáis, es una hembrita, la hija de mi hermana cargala un ratito.
Diciéndole a la niña—Conoce a tu futuro papá. Ja, ja, ja.

Detrás viene otra mujer, alta y delgada la cabellera negra de azabache le llega a la cintura y parece evangélica., debido a la vestimenta. Su estereotipo.

--Mucho gusto esta es mi hermana—, le dice la mujer mirando al hombre, la otra alarga la mano. El hombre se la toma y le dice lo de rigor sonriendo, nota en el interior de su palma una pequeña callosidad.
Se sientan juntos y empiezan a dialogar. La niña se incomoda, se revuelve, está a punto de llorar.
--Es el calor—dice la nueva mujer.....
--Bueno ya yo los presenté, ahora conózcanse, hablen entre ustedes yo me llevo la niña. Chaito pues. –Y se aleja con la niña en los brazos. Siempre riendo--¡Ja, ja, ja.

--Esa hermana mía—ríe....
--Entonces tienes tiempo que viniste de san Cristóbal—Para entrar en el calor de la conversación el hombre empieza a ingeniárselas.
--No, ya llevo varios meses por acá.
--Pero no te había visto.
--Salgo poco, pero estuve un tiempo en casa de mi otra hermana allá en el barrio de las luces.
--Son varias hermanas.
--Si, somos seis pero las otras están en San Cristóbal, acá estamos solamente ella yo y la otra que vive en las luces.
-¡Ah bueno comprendo!
--Y hablame de vos, ¿ qué haces, dónde vivis, dónde trabajas?--, diciéndole todo esto, poniéndole un tono de interés y curiosidad.
--Trabajo de noche, tu hermana sabe, y vivo por aquí cerca.

Quedaron citados para el día siguiente...El hombre se le acerca a la mujer y le sonríe, le muestra su blanca dentadura, ella también sonríe e inmediatamente empiezan a platicar.
Con tácito acuerdo bailaron, tomaron unos tragos y pasaron toda la tarde juntos.

Se dieron la mano y se despidieron, el hombre, muy entusiasmado se retira haciendo promesas de regresar al día siguiente.

El hombre llegó después del mediodía, estaba fresco y descansado, ya había dormido su turno. La mujer le abrió la puerta, estaba con la niña en los brazos, sus ojos se veían transidos y sus vestidos demostraban su pobreza, algo descoloridos por el uso, pero estaban limpios.

Se acercó al hombre y lo invitó a entrar a el rancho
--Sentate un rato—Le dice,--Aquí podremos hablar—continua zalameramente.

Allí en el terreno tengo tendidas unas bases y hay una pared de bloque a medio construir, falta terminar de levantarlas, techarlo con láminas de cinc, colocarle...

El hombre todo se le iba en risa, mostrando su blanca dentadura, ninguna palabra le salía de sus labios, solo asentaba con la cabeza, en casi todo lo que la mujer le comentaba.

--Bueno después compramos algunos muebles, un abanico, hacemos un closet en el cuarto y lo adornamos con papel tapiz--, todo esto lo hablaba la mujer haciendo muecas de promesas futuras, sonriendo y brindando al hombre con unas cuantas cervezas.

Del dicho a la acción. El hombre retiro afanosamente un dinero del Banco, enseguida compró; arena, láminas de zinc, madera para bases, tubos de concreto, cemento, lavabos, water, y contrató a un albañil, el cual le fue sugerido por la mujer, ya que era amigo de la familia y estaba sin trabajo.

Cada atardecer antes de ir a su trabajo el hombre iba a revisar las obras.
Miraba el techo medio cubierto por las láminas, las paredes que se iban alzando, la empotración de las tuberías, el piso de cemento, las vigas. El rancho iba creciendo , se iba transformado en una hermosa casita de dos aguas, mejorando su aspecto.

El hombre hablaba con la mujer, estaba un rato y se retiraba a su trabajo, se iba todo inflado luciendo un uniforme nuevo.

Los fines de semana la mujer lo obsequiaba con risas , mimos, miradas lánguidas y complacientes, y ella toda llena de promesas que demostraban la seguridad de cumplirlas con toda cabalidad.

El hombre satisfecho bebía cerveza, cargaba a la niña, mostraba su hermosa dentadura y quedándose conforme con las promesas a futuro de la mujer.

Llega el camión con unos muebles, un hermoso juego de cuarto; la cama de madera las mesas nocheros y un gran colchón king size.
Inmediatamente corrieron a colocarlo en la habitación.

El hombre se tira en la cama cuan largo es, invita a la mujer a acostarse con ella, ella mantiene a la niña en los brazos y como por un arte de pura magia, ellla empieza a llorar... Y lloraba como si le hubiesen propinado una enorme nalgada, o un sigiloso pellizco.

Lloraba tanto que llegó un momento que se puso morada, se veía que perdía el aire, hacia unos reverberos raros y luego de respirar profundamente se ponía a llorar de nuevo estrepitosamente.

El hombre se sienta en la cama y se ve todo confundido, no sabe que hacer, observa que la niña tiene un ataque extraño y se ofrece en este ultimo caso a llevarlo a algún hospital o centro de atención para así saber a ciencia cierta su estado, que según sus adentros era muy normal, un ataque de malacrianza.

--Será que está así tan enferma, tan de repente le dio un ataque—esta vez el hombre no mostraba su hermosa dentadura.

Ella le contesta que no, que se fuera, que volviera al día siguiente, para hacer descansar a la criatura, darle pecho y hacerla dormir.

El hombre se retira y camino a su casa, un vecino lo aborda.
--Mira Viejo, no le pare mucha bola a la mujercita, fíjese bien en lo que hace. No le gaste tanto, ella no es mujer para usted. Cuando usted se va, ella también y muchas veces la pequeña queda sola toda la noche, y los vecinos la oímos llorar y llorar, hasta que logra quedarse dormida.—El vecino se le queda mirando a los ojos con una media sonrisa en sus labios esperando cualquier razonamiento en el hombre.

El hombre lo miró de arriba abajo, y se sintió muy ofendido. Pensó en sus adentros, la envidia de las personas, y con un enorme deseo de golpear a este señor que ha sido su conocido por muchos años. Pero logró contenerse y fingiendo una sonrisa, le dio un apretón de manos y se retiró.

Esa noche en el trabajo, las palabras del viejo, transitaban en el galpón. Era como una brisa que entraba por los ventanales y corría chocando las paredes.
O como los murciélagos que penetran por lo huecos revoloteando en lo alto Acariciaba la culata del arma, pensamientos e imágenes. Esa noche fue un infierno para él.

Y no pudo dormir, se le acumulaban en la mente pensamientos oscuros, y en ella danzaban imágenes y las palabras del vecino. Parecía oírlo de nuevo y a medida que pasaban las horas, era más fuerte, su voz resonaba con un eco que martillaba las sienes, estaba llegando casi a la desesperación.
El sudor enjuagaba su cuerpo, se levantó ya que no podía estar más en cama....

Esta vez no quiso seguir acostado ya que siempre dormía hasta muy tarde casi hasta el mediodía.

El hombre llegó al rancho y no encontró a la mujer. La hermana cuidaba del niño y puso cara de asombro en cuanto lo vio llegar.
El hombre se enojó y conminó a la mujer a que hablara, Le comentó de su conversación del día anterior, y la puso con la espada a la pared.

La mujer se sintió avergonzada y en tris empezó a hablar.

--Yo le he dicho a ella que se porte bien, que ha conseguido a un hombre que la quiere, que la respeta, que debe ser diferente. Ella me replica que no debo meterme en sus cosas, que sabe lo que hace.

El hombre se sienta en la cama, puso sus manos en las sienes y apretó con ellas su cabeza.

La mujer entró a la habitación en ese momento, vio el rostro del hombre, a su hermana y a la niña que dormía placidamente. En un instante se dio cuenta de la situación, e inmediatamente empezó el ataque.
Con la mirada largó a su hermana. Se acercó al hombre le puso una mano sobre su cabeza y le acarició el pelo.
Éste volteo a mirarla y la notó diferente, venía con otro aspecto, estaba desgreñada, su hermosa cabellera revuelta y con un aspecto que emanaba un sabor de noche, de bar, de calle.

Ella con voz dulce apaciguadora empieza a hablarle.

--Amor solo nos falta abrir el agujero en la pared para el aire acondicionado y comprar el aparato, para así poder vivir juntos en este nido que estas haciendo para mí y así, poder disfrutarlo como mereces--.Le sonreía tiernamente, le hablaba como si fuese una criatura, en sus dientes se veía un reflejo amarillento y de su aliento, emanaba un olor a alcohol y tabaco.

El hombre se levantó de la cama la tomó por los hombros, la empujó hacia el jergón y fue la única vez que le habló, y esta vez no se le vio su hermosa dentadura.

--¡Vete pal carajo!.....

La mujer abre los ojos desmesuradamente su cabellera revuelta le daba un aspecto de hechicera, trata de hablar pero su voz no le sale, solo una especie de grito gutural quiere salir de su garganta, es solo un balbuceo. El alcohol se ha adueñado de su espíritu.
Solo ríe y llora, hace un pequeño esfuerzo y llama a el hombre por su nombre....

El se va con pasos rápidos, se retira del rancho, no mira para atrás, va dejando su rabia e indignación por el camino

Ella lo ve desde la cama por la puerta abierta de la habitación, pega un grito.

Pronunciando su nombre.....

Rubén Patrizi


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