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julia y efraín

Julia y Efraín

Así la vi. Una mujer hermosa; larga cabellera negra ondeando hasta casi la cintura, esbelta, alta, caminaba con elegante taconear, sin perturbarse, mirando con sus ojos verdes a todos lados....Empezó a llover. Lluvia pertinaz, de las sin aviso, las de grandes gotas; chaparrón con viento que mueve las ramas y a algunas hasta las desprende......
Corría bajo la lluvia. Un inmenso aguacero bajaba de las nubes grises, mojándola sin misericordia. 
La mendigo con cara de niño se metió dentro de la bolsa de basura. “Pensé, si no sentía ningún olor que la molestara”. Pero parecía sonreír cada vez que metía su pequeña cabeza dentro de la bolsa.
.....Y ella, continuaba corriendo, su ropa se encontraba empapada e iba mostrando sus formas, que voluptuosamente se asomaban, haciéndose visibles a consecuencia de la ropa mojada.
El agua caía por los bajantes adueñándose de los espacios y los rincones, la gente se apartaba para no salpicarse en su estrepitosa caída. 
Subió hasta las aceras, el agua era un arrollo que transportaba a su paso la basura acumulada en ellas.
De pronto, como si nada, el sol, y un vapor se desprendía de las calles produciendo un mal olor 
La piel se calentaba y arreciaba el calor, parecía que no había llovido y refrescado el hambiente.
La mujer se plantó en la parada con un gesto adusto, su ojos verdes no mostraban ninguna ansiedad, eran inexpresivos. Ella aunque empapada todavía mostraba su altivez. Su maquillaje se había perdido. Su pelo se había enmarañado y chorreaba liquido a través de ellos, sus desnudas piernas eran presa del barro y sus encharcados zapatos, parecían dos lanchas llenas de agua a punto de naufragar.

El tráfico, insoportable, los automóviles estaban quietos, no se movían, eran todos presos de una inmensa tranca.

Efraín corría hasta la esquina, el aguacero había trabado su tiempo. Estaba apurado para ir a la universidad.

La muchacha lo vio, y gritó su nombre varias veces hasta que Efraín la oyó.
Volteose al lugar de los gritos y la vio. Estaba con la mano en alto haciéndole señas, Un golpe en el pecho, se emocionó tanto al verla, hacia mucho tiempo que no la veía. Recordó besos y caricias y de inmediato sintió en su cuerpo un estremecimiento.....
Ahora estaban juntos, de nuevo se abrazaban, se besaban, se hablaban, parecía que el tiempo no había transcurrido. La sentía la misma.....como si nunca hubiese pasado aquello.

Ella pensaba igual, era el mismo Efraín de sus recuerdos, y de sus anhelos.

Auque paso aquello, él se fue a Europa y la dejó...... Nadie supo que pasó y el porqué de la huida. Si, porque fue una huida . Se escapó, se perdió sin más, sin avisar, sin contestar las llamadas que se perdieron en el tiempo........

“Efraín, Efraín”. Comentaba ella en voz baja al sentirlo, al apretar su cuerpo junto al suyo. Mencionaba su nombre como si lo saboreara, deletreando letra por letras, como si tuvieses mucho tiempo de querer y no poder pronunciarlo.

Él la apretaba, también en sus brazos sentía la tibieza de su cuerpo y la recordaba hoy, como el primer día, y La llamaba por su nombre ”Julia, Julia”.

“Pero vamos, estas llorando”, le decía él cariñosamente. ”No. No son lagrimas, es alegría, decía ella mostrándole los dientes en una amplia sonrisa.
Y así apretados caminaron entre la gente, entre el tráfico, bajo el calor. Para ellos no había nadie que los importunara, que los distrajera, que los disturbara. Solo eran ellos los únicos seres de la tierra. 

Caminaron hasta la plaza. Allí se sentaron a platicar, a darse explicaciones, si es que las había, a preguntar sobre los porqués , a reprocharse o decirse mentiras y verdades, sólo querían hablar, comentar las cosas pasadas y tratar de averiguar si tendrían futuro.

“¿Por qué te fuiste Efraín”.......
“Tu padre me dijo que”.....
“Ah.... Fue él”....Lo pensé así todo éste tiempo”. 
Ella hablaba y veía hacia otro sitio, pero mirando a ninguna parte, era a dentro de sí donde escrutaba. “ Fue él. Ya comprendo todo, y ahora que esta muerto no me queda otra cosa que perdonarlo.
.....“¿Murió tu padre? Le pregunta sorprendido Efraín.
“Si murió hace unos meses del corazón, sabes ya estaba viejo y no se cuidaba. ¡Bah!. Decía él. No hay que preocuparse, la vida es una sola y hay que aprovecharla”....
”Si pero no quiso que tu la vivieras” le comenta él tristemente. Le tenía cierto cariño al viejo.
“La vida es así. Como la novela. Ancha y ajena”.
“Pues así no debería ser..... Nos separó, nos mintió, tanto a ti como a mí, nos hizo la vida chiquita y si no hubiese sido por que me enfrasqué en los estudios en Inglaterra, te juro que me hubiese suicidado.
“Ahora tienes que venir a la casa a conocer a tu hijo”, le soltó la frase de seguido, sin anestesia. “Por lo menos es igualito a ti y allí no hay peros que valgan”.
El se quedó frío mirándola a los ojos, no podría creer lo que Julia le decía. Un hijo. Casi balbuceaba cuanto le pregunto “Y cómo se llama el niño, cuantos años tiene. Está muy grande” Se iba emocionando cada vez que hacía preguntas y ella lo observaba con gracia. Se ve que había madurado igual que ella no eran más esos chiquillos caprichosos.
“ Tiene diez años, se llama Efraín y también es negro como tú”.
Y caminaron hacia la casa de ella, juntos enlazados de la mano hacia un nuevo destino, ella con su ropa medio mojada, sus zapatos llenos de barro y su corazón feliz, él con esperanza y con ganas de conocer al hijo que había dejado hace diez años atrás y que nunca supo que iba a nacer.

Y los miré partir,.Vi como se alejaban silenciosamente enlazadas sus manos, mostrando sonrisas de satisfacción y alegría y brillando en sus ojos dos llamas.

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