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Resumen
20/01/2007
Dos Lágrimas y Una SonrisaDos lágrimas y una sonrisa El lazarillo.
“Amigo mío. Cuéntame. Cuéntame, mi querido acompañante de años y costumbre, de infortunios y alegrías. Mi fiel compañero que me ayuda a amortiguar la oscuridad y las tinieblas. Cuéntame. ¿Cómo y qué es el color?.
Yo en mi oscuridad, percibo; lo duro, lo suave, lo blando, lo terso, lo áspero, lo abrasivo. Son sensaciones que poseo desde niño y logro sentirlas ampliamente. Siento el filo del cuchillo, lo cortante, lo romo, lo plano, lo redondo, la forma, el objeto, el ángulo. Mi mente lo describe, lo escanea.. En mi mente, están todas las formas que llegan a mis sentidos, lo liso, como las escamas de los peces, lo suave y sedoso de la piel. Lo áspero y cortante, dualidad, como muchas palabras y como la vida. Percibo siento, escucho, toco, abrazo, río, sueño. Sueños sin color. Por lo tanto mi amigo, quiero que me expliques. ¿Qué es y cómo es el color?. Siento lo tibio, el sol cuando calienta mi piel, siento el frío, la brisa y los olores que trae de allende, de todas partes. Olor de bosque de montañas, de mares de ciudades. Siento lo fresco, la quietud debajo de un árbol y el silencio que se rompe con el murmullo de las hojas, el volar de insectos, y el piar de aves. Oigo, el sonido equidistante del mar, lejano murmullo excitante y relajante, como el del agua que salpica entre las piedras de un río. Oigo a los niños que juegan, siento sus gritos y jolgorio. Siento a los pájaros, el cristofué, la paraulata, el canario, y hasta el roncar del tordito peleando el sitio en el parque, en la calle. Siento el frío el calor, el miedo y el dolor. Pero no siento el color. Por eso quiero que me lo describas. Descríbeme todo eso que cuentan del cielo, que es azul como los mares y que se confunden en el horizonte, y que el sol es dorado, y que daña a los ojos del que lo ve. Qué es eso que cuentan del lo verde del monte, de las montañas y de las hojas de los árboles. Matices de colores de la naturaleza, gama de sensaciones en el mundo. Cuéntamelo todo mi generoso lazarillo”.
“Tal cual lo has descrito y aún más. Inconmensurable el color, gamas como gemas, colores tan diversos como los aromas que percibes, que van desde tenues hasta fuertes que van subiendo de intensidad hasta hacerse desagradables Así como el sonido, un violín o flauta, o un oboe, o trompetas. Percibes el sonido que son notas, empiezan algunas inaudibles, muy suaves y luego en una ordenada policromía, el tono cambia, y se hace más fuerte, ora más suave, tonos y más tonos, instrumentos y más instrumentos. Así es el color como una hermosa sinfonía. Va creciendo en sus ondas ocupando el vacío en notas fulgurantes que brillan y que están llenas de vida, como pájaros de hermoso plumaje que exhiben color como flores al vuelo. Así es el color en su intensidad. Tenue, cálido, frío, fuerte, débil, y en mil formas y combinaciones. Todo está lleno de color. El mar y sus miles de matices desde el más suave y pálido de los azules; el más pastel, hasta el de mar profundo. Hay grises en atardeceres de nubes oscuras que viene anunciando tormentas. Hay ocasos rojizos, de nubes que van del naranja al rojo en pinceladas llenas de sol. Pletóricos plateados de días brillantes de cielos y horizontes. Flores perfumadas de acariciantes pétalos y mil tonos. Todo el espectro cromático, como un arco iris y mucho más. La naturaleza inventó el color, para soslayar el espíritu Así como solo ves el negro que existe dentro de ti, está lo opuesto, El blanco y la mezcla de él con todo lo que se te pueda ocurrir El mar verde de selva, gamas de un solo tenor”.
El ciego al oír la explicación de su amigo, le bajaban de sus ojos dos lágrimas que mojaban sus mejillas, y una sonrisa aparecía en sus labios.
El silencio se adueño del lugar...........
Rubén Patrizi
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21/01/2007
1790 antes de ...... Llora el niño con lágrimas que le deshacen la ilusión de vivir. Lágrimas que van lavando en su paso a los labios, la sonrisa infantil Lágrimas con sabor de sal y vinagre, amargas Lágrimas que le cierran la innata alegría y en sus ojos dulces de niño, se graban imágenes para toda su vida.
Ve a su madre partir, que a la fuerza se le escapa, le abandona, ve a su padre llorar con los ojos cerrados, ve las cicatrices que le doman el espíritu.
El látigo cubre la piel de trozos sanguinolentos, ningún grito, el músculo de su faz, se convierte en piedra, no demuestra ningún gesto, es impasible y sus ojos llenos de odio y rencor están cerrados y debajo de sus parpados hay dos carbones que brillan, pero el amo los quiere adormecer.
Oye los tambores que le anuncian un nuevo día y un despertar con miles de aromas que vienen a su mente. Ve el campo y los árboles, huele la tierra recién mojada, recién arada, mira al buey que arrastra la yunta. Ve el río que se interna en la selva. Imágenes de sus padres de sus amigos de sus hermanos de su gente, se agolpa en sus ojos y allá lejos esta él, con los brazos abiertos queriéndolos abrazar. Ve la libertad y los caminos que conducen a ninguna parte y que van a todas. Siente el sol que le calienta su cuerpo y observa las estrellas que le señalan un camino. Mira a las grandes manadas de animales, los elefantes que relinchan libres por la pampa. Oye al león que ruge hambriento entre la maleza y que acecha al antílope. Lo ve brincar, correr en libertad.
Las manos aprietan la cuerda que lo ata que rompe sus muñecas.
La mujer en su vientre una vida nueva.
El niño cubre sus ojos con las manos
Un sonido silbante hace eco en sus oídos, el chocar del odio en la piel del padre.
La voluntad que se vence que se quiebra.
Las voces llenas de odio las burlas y las risas le queman muy dentro El sudor corre por su cuerpo
La noche oscura, sin brillo de luna, sin estrellas que palpiten como su corazón. Sin brisa y el calor que hace que el sudor se empape en las ropas.
Corre la sangre agolpándose en las sienes, que quieren estallar.
Ella se aleja, el corre detrás, su llanto y sus gritos
El caballo cabrita.
Las ruedas del coche son un enorme molino.
Se va, adiós madre. Ninguna palabra.
No hay despedidas, solo lágrimas sabor de sal, sabor de vinagre.
Lagrimas que se van amargando, como su vida.
Unos brazos los sostienen, lo aprisionan, no puede correr ni huir. El quiere esconderse en la selva cubrirse de ella consustanciarse con la naturaleza y poder llorar y gritar.
Adiós madre. Un grito silenciosos
Y padre observa.
Abre sus ojos y mira hacia la mujer y hacia el hijo.
Un grito brutal sale de sus labios, un grito en una lengua diferente, ininteligible, extraña; es un último suspiro para caer rendido.
Es un te amo, un hasta nunca y hasta siempre, un grito que hace eco y se pierde entre la selva.
Adiós madre, adiós padre me llevan.
Rubén Patrizi derechos reservados
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Saltar, Brincar, Botar Se mira en el espejo, se acicala, tensa su corbatín, corre su sombrero por su cabeza hasta ajustarlo a su gusto. El verde de su traje alisa, el negro del frac cepilla. Toma sus guantes, su bastón y parsimoniosamente camina a la salida.
Va dando brincos de alegría por el nuevo amanecer. Sale al exterior, perdiéndose en la espesura, confundiéndose con la maleza.
De vez en cuando se dejan ver su ancas, verdes y brillantes que resplandecen con la luz en cada salto
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www.vocesysusurros.3a2.com El Viejo CoronelY volveré a ser otra vez El errante trovador Que va en buscar del amor Del amor de una mujer (Canción Popular)
En la soledad de años el viejo mitigaba su hambre de vida... Y los recuerdos vienen a su soledad, llenando su subsistencia como un alimento.
Una porción de tabaco a su boca y pone su mente a elucubrar.
Sueña despierto y piensa en su mundo, que se le acaba, solo quedan la reminiscencias que vienen aflorando como los cuadros de diapositivas.
Sueña sobre sus años mozos cuando asaltaba las buhardillas de las casas y se encontraba con las muchachas de servicio, o cuando brincaba las empalizadas, donde, decía él, los esperaban las señoras llenas de fuego.
Y contaba todas estas historias a su tropa....
De cómo, cuando apretaba con sus piernas a la yegua rucia y la azuzaba, espoleándola con los talones pelados, un machete en una mano y un máuser en la otra, las bridas en los dientes y con rugidos de fiera, conminaba a sus hombres a combatir, y así embestía al enemigo, que huía dejando en el campo sus armas y pertenencias, y corrían despavoridos como si hubieran visto al diablo...
Se reía de este cuento, solo el recordarlo le encendía de nuevo.
También soñaba con las noches de luna llena, cuando salía con la guitarra a cantar serenatas a las muchachas y a más de una que tenía embobada con su hermosa voz, porque según él, tuvo una hermosa voz de tenor.
Y así seguía hablando en voz alta a su pequeño auditorio, cuando la soledad y la nostalgia lo invadía y esta lo consumía.
Y les contaba otra....
Con su pelo de guama brillantico, y un reluciente liquiliqui de botones dorados, en su mano un bastón de vera y las miradas de admiración las mujeres, las vivas de las tropa, y la extremidad que le extendía el presidente, junto con la medalla reluciente que le ponían al pecho.
O cuando el era Coronel, por allá por los años treinta y su voz de mando hacía temblar a todos y todo el mundo andaba derechito.
“¡Oído!. Sí señor”. “¡Atención....¡Firm....! Y se ríe
Y se va caminado entre el silencio y los recuerdos a su hamaca que le espera para mecerse inefablemente en el tiempo
La ineluctable vejez no vine sola; reuma, tos, dolor de manos, de pies, una rodilla que molesta al caminar y al pararse la cintura....Esperar largos segundos a que el cuerpo se acostumbre a enderezarse. Por eso pasa largas horas acostado en su vieja hamaca, pendulándose, en un vaivén hipnótico, la misma cadencia lo hace divagar y solo queda con sus recuerdos, la imaginación y la soledad.
La soledad, después de estar con tanta gente; la mujer que lo acompañó, decidió partir. Al amanecer de un día de esos muy nublados de los que son sombríos y tristes, ella no abrió los ojos, se fue sin despedirse. Los otros sus amigos, también, mucho de ellos se fueron, otros están muy viejos para visitarse. Solo quedan los que le acompañan....
Pero todavía, cuando sale, todos ponen atención y casi firmes, expectativos a alguna orden. Y él sonríe.....
Su pequeño ejército lo espera.
“¡Atención!”... Todos ahora son uno..
Perros y gatos se acomodan, levantan las orejas unos y maullando otros, están prestos a recibir órdenes. Rubén Patrizi derechos reservados
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22/01/2007
Locura Que no es la rosa lo que turba Sino el encanto del aroma.
Blanco-Fombona
Quería dejarlo todo, irme.Irme muy lejos, mandar todoy a todos, al demonio, ya no me importaba nada. Solo quería largarme, estar lo más lejos posible de......
Pero los recuerdos se irán conmigo y en donde esté siempre me atormentaran.
Siempre me perseguirán los momentos y las reminiscencias estarán allí, aplastándome......
Después de estas semanas que han pasado de una forma violenta, y que se han convertido en meses casi sin darme cuenta, en medio de mi obnubilada existencia, puedo pensar por fin más detenidamente.
Ya no tengo rencor en mi corazón, y mis penas han mermado, puedo decir que han desaparecido por completo.
El tiempo es el único antídoto, para curar las enfermedades del alma.
Los celos, me quemaban por dentro, caminaba por las calles con un solo pensamiento, con sentimientos extremadamente pugnases y dolorosos que me hacían hervir la sangre, con un odio que no sabía que podría poseer, descubriendo en mí esas emociones tan negativas.
Hay dolor, fuego, odio, ganas de matar, algo dentro de mí que me hace volver loco y solo el llorar, el derramar lágrimas hacen bajar la presión y estallando en sollozos logro controlar mi interior. Sino explotaría esparciendo los sesos por doquier.
Estos sentimientos son todo lo opuesto al amor, es como pagar culpas con locura, esta locura que mata, que asesina lentamente mi mente y mi conciencia
Te sueño entre mis brazos
Sintiendo tú mis besos
Recibiendo mis caricias
Oyendo mis palabras
Que como un arrullo
Te hablan de amor
El tiempo inexorable pasa la cuenta, los años son como un castigo y un premio a la vez.
Uno puede salir derrotado y darse cuenta, que se puede sobrevivir......
Si. Se puede sobrevivir a una, dos, tres, y miles de derrotas.
Mi dolor no era morirme poco a poco. Solo era que morir no quiero, aunque deseaba hacerlo y hacerlo regodeándome en el dolor, extasiándome con él.
Sentirme vivo y sentirme que no vivo y el dolor en el pecho brota a borbotones y alborozarme en el fracaso....
Y pasan unos días y otros y otros, más los recuerdos se agolpan en las sienes y viven en el pecho, la solución es la muerte pero no viene cuando se le llama.
Y veo sus ojos que me miran y su sonrisa que me inunda, siento su aroma de mastranto
como sendero de llano....
Y una sensación de ignavia se entroniza y no me deja actuar, quitándome la voluntad.
Entro en mundos ignotos donde la sombra de sus recuerdos llegan alborozados.....
Ojos negros que me miran y sonríen
Boca pequeña y dulces labios rojos
ricos en almíbar
miel su piel
azabache su mata oscura
turgentes sus senos......
Y oigo su risa, que es manantial de agua pura, que baja por la colina haciendo eco entre los cantos y el burbujear del agua entre los meandros llenos de espuma.
Sus ojos , sus sonrisa, su piel, sus manos, su pelo negro azabache, toda ella hermosa, como de virgen de iglesia, juvenil, tierna, bella.
Aspirar y sentir la fragancia que brota de su cálido cuerpo, sus efluvios naturales de mujer
Las palabras que brotaban de sus labios eran elogios, el encanto de la amistad
Su timidez, recostada a la pared, muy cerca del dintel de la puerta del cuarto, observándome con la mirada nublada, media sonrisa, mordiéndose el labio inferior, insinuándome universos.
Y su entrecortada respiración y la turgencia de sus senos, su pecho que florece entre mis manos y se mueve entre los compases de la respiración
Su pelo negro que desciende hasta la cintura, cubriendo el arco de sus caderas, haciendo desviar la vista hasta los torneados muslos
Sus diminutos pies, pequeñitos dedos retozones coronados de luz
Y la piel, brillante como el nácar, dulce como el chocolate, morena, blanca, cetrina, la luz la transforma, la delinea, la dibuja. Es como una alfombra de alpaca suave, como la seda más fina, tersa.
Y se va difuminando en mi cerebro, desapareciendo la imagen, perdiéndose entre los recovecos de mi imaginación......
La adoré......
Y el pensar en una fórmula para la liberación del dolor, salir de la angustia y de la frustración
Y pensé en el acero frío y negro de los cañones de mi escopeta, en escapar solo colocándola en mi boca, morderlo y apretar el gatillo poco a poco. En un santiamén saldría de mi dolor y dejaría regados por doquier los restos de mi tormento.
La amaba con locura con desesperación , como cuando se aferra a un leño en alta mar, la última oportunidad de vivir o de morir en un ahogo de suspiros.
Mi azahar
que desprende fino aroma
ardiente de sol, luz y vida
Sonrisa que vaga silente
Entre recovecos
Inescrutables del pensamiento
Dulce absorta
Llena de misteriosos
Secretos.
Sería muy fácil actuar con cobardía , solo tendría que ser valiente para apretar el gatillo. Tener el valor para acabar, y tenerlo para no acabar. No lo hago por cobarde sino pensando en el resultado.
Finalizar todo de mil maneras.
La navaja de afeitar, y empezar a desangrarme, dejando brotar el líquido vital que mana vida.
Sentir el afilado corte, el que roe las venas en un tajo mortal, haciendo brotar incesante la vida, la hojilla afilada que irrumpe con su brillo violando la piel .
O meterme en el agua y dejarme llevar.
Sumergirme y tratar de no respirar.
Tan frágiles que somos y tan fuertes
Somos lo uno y lo nada, el cero.
Acabando con todo en un momento.-
No quiero entrar en el salón, me lo impide la conciencia, me lo impide el recuerdo. El leve empujón, del amigo, que con suavidad me conduce más allá del dintel.
La claridad del entorno me ciega, desde los ventanales el chorro de luz, entrecierro los ojos y me vienen imágenes que pasan por ellos son como diapositivas, una a la vez. Vienen arrastrándose. Estoy de nuevo en el salón como si no hubiesen pasado los días; Puedo oír el barullo, el ruido del que se aclara la garganta, el murmullo de voz del que habla en susurro, el libro que se cierra, el papel que cae, la escritura que hace el lápiz , el mueble que cruje, el fru fru de las faldas , su perfume.......
Ella me mira con sus ojos de gato, se acerca con socaliñado paso felino, ágil y voluptuoso.
Sus medias blancas a media pantorrilla, su falda plisada, su blusa de mangas cortas ceñida a la cintura, amplia en su pecho cerrada hasta el último botón muy cerca de su cuello.
Y titilan las campanillas de los móviles al balancearse con tenue la brisa, es su voz la que se siente
Esta parada, erguida en la pared, me mira, su blusa abierta muestra el descote, se logra ver la oculta flor de su aureola.
Deseos hilvanados me llenan el alma y nos encontramos en otro mundo. Entre el tiempo y el espacio, en la misma habitación, los dos solos en un rincón, debajo del pizarrón, atando nuestras vidas sobre el polvo blanco de la tiza.
De sus sienes bajan dos gotas de sudor, su pelo enmarañado sobre mi pecho, su rostro muy cerca de mi corazón y sus labios dicen palabras incoherentes que solo él sabe escuchar. Solo son latidos que se mezclan con los susurros y la respiración. Su cuerpo está casi encima de mis piernas, respiramos el mismo aire, sentimos el mismo aroma y nuestras palabras son solo murmullos quedos, nuestras palmas exploran nuestro cuerpo, vivimos en la misma realidad ,la misma vida, somos los minutos y segundos, horas que estamos extasiados uno junto al otro, sin importarnos nada ni nadie. Unicamente nosotros vivimos en el mundo
Su respiración se normaliza, sus labios ya no tiemblan, sus parparos se abren sus ojos me miran, veo en ellos regocijo, alegría, mi mano sobre su seno, la otra la abraza.
Y ando con el corazón sitibundo, esperando que venga a mi llamada.
Ven, ven pronto.
Y me preguntaba de donde eres.
Le contestaba en broma, con burla y dueño de la situación, enardecido por su juventud, yo era el creador.
Soy de lejos y de cerca
Soy de aquí y de allá
Soy como el viento
Y si me metes en tu corazón
Estaré siempre muy cerquita de ti.
Ella se ríe y me dice tonto, me abraza. Sus labios rozan mis mejilla.
“ Y tu nunca te sonrojas”.
Ella me contesta” Cuando se ama no cabe la vergüenza, solo el pudor para no mostrarse abierta para no entrar en el desencanto ni en lo burdo. Solo lo sutil, suave y delicado, debe mezclarse para tener una relación duradera”.
“Tanta experiencia tienes”
“Soy poca de edad, pero en mi mente fluyen situaciones, mi imaginación es inagotable e infinita.
“Pero qué modesta eres”.......
Ríe. Con sonrisas de molino de viento.
Y entre mis brazos se estrujaba la flor, bebiendo de mis besos y la sentía toda recorriendo con mi tacto su piel. Los intersticios y oquedades, toda era sentidos, ecos de suspiros de languidez, de pasión y de locura. Vaporosas sábanas sobre cuerpos en unión mágica en acordes armoniosos consonantes con ritmos musicales etéreos.
Y me iba hinchando como las gavias de un velero, llenándome de estima y apego, el cariño
se convierte en quereres empezando a idolatrar con devoción insana.
Y entonces me perdí.......
La adore......
Y la realidad y los sueños se confabularon y ya no podía distinguir entre ambos.
Vivía el sueño y soñaba con la certidumbre.
Déjame amarte. Solo déjame amarte. Era un grito desgarrador que salía de entre mis poros, muy dentro de mi.
Tenía catorce, o quince, diez y seis o diez y siete. Qué se yo.
Solo sabía que la amaba, que era una flor muy hermosa....
En hermético silencio se convirtió el entusiasmo.
Las preguntas, los porques. Ambigüedades
Se perdió el control
Es que te gustan jóvenes
Que son insulsos y groseros
Son patanes y sin dinero
Lo único que blanden
Es su juventud
Tesoro más grande del cielo
Y tener los dos es un anhelo
Tener dinero y juventud.
Y una decisión inopinada me dejo silbando lejos, la muchacha se fue en un santiamén dejándome como un pendejo.
Rubén Patrizi
derechos reservados www.vocesysusurros.3a2.com El Maullido
Un ligero sonido llamó la atención del intendente, era imperceptible, casi inaudible, pero el intendente, se jactaba de tener una sensibilidad extrema en su oídos, decía que podía oír el murmullo del viento antes de que llegara a mover las hojas de los árboles cuando estaba en el parque, a veces exageraba. Él todas las mañanas daba un recorrido por las instalaciones de las edificación, observando como siempre la estructura, el alumbrado, grietas y frisos. Estaba pendiente porque fue notificado sobre una invasión de ratas, que hacían de las suyas en el sótano, estacionamientos y parte de los edificios.
El sonido continuaba, el se irguió un poco al oír el pequeño ruido, era como un murmullo apagado, como el quejido de un pequeño gato. Era, como pensándolo mejor, un pequeño maullido entrecortado, muy, muy apagado. Se alegró un poco pensando en gatos. Si había cría de ellos, sería muy bueno, ya que ahuyentaría a las ratas. Todo esto divagaba el intendente, caminando entre los escombros dejado por los albañiles el día anterior. Pensaba también, en dar nota sobre ésta situación y enviar un memorando a los subalternos para que tuviesen más cuidado con los desechos. Siguió supervisando los sótanos y regresó a donde había escuchado el primer ruido imperceptible. Algo lo tenía intranquilo. En un rincón se encontraba las bolsas de basura, los desperdicios de casi una semana, el de los inquilinos y de las oficinas, había muchas bolsas negras, los camiones habían fallado en su recorrido y era igual en casi en toda la ciudad, que como siempre mostraba un aspecto deplorable cuando la basura no era recogida a tiempo.
El sonido era más agudo, lo oía con gran nitidez, pero siempre muy apagado, el obstinadamente miraba a todas partes a ver si veía al misterioso animal. Caminaba y pensaba en voz alta. “Estará por allí escondido, alimentándose de algún ratón cazado hábilmente ¡Bah! No debo preocuparme”. Sacudió la cabeza tratando de ahuyentar sus pensamientos. Siguió investigando y se dirigió a la parte más obscura. “Porqué estará tan oscuro”. Se preguntaba. “Será falta de bombillos, o se han robado el cableado como lo han hecho en otras ocasiones”. Alumbró con su linterna y volvió a oír el corto maullido, ésta vez envió el haz de luz hacia el sitio donde supuestamente creía que se originaba el ruido. Por su radio daba órdenes para que vinieran los obreros a colocar los bombillos. Éste sitio está muy cercas de los ascensores y estacionamiento y es muy peligroso que este oscuro, ya que podrían ocurrir robos a las personas que pasaran por aquí, muy cómodamente unos rateros se podrían ocultar y atracar a cualquiera. Caminaba muy cerca de las bolsas de basura,”ya casi no se aguanta el olor”. Seguía hablando con un monólogo particular, para sí mismo, quien sabe si para darse animo, es como cuando los niños pasan por un camino oscuro y éstos silban para darse valor. De pronto oyó mas detenidamente un quejido esta vez lo percibió con mucha claridad. Fue como un disparo a quemarropa, un pequeño quejido constante que lo hizo auscultar más detenidamente. Le pareció que el sonido venía de una bolsa negra, de la parte más alta del bulto, sintió ver algún movimiento, como si algo estuviese dentro de ella. “Ya está”, hablo de nuevo,” es un animal metido en una bolsa y arrojado acá al basurero. Seguro que es un gatito recién parido”.Agarró en sus manos la bolsa y la abrió con mucho cuidado. Su cara se lleno de asombró, sus ojos se llenaron de estupor, su frente se llenó de arrugas, en su labios una enorme o se congelo en ellos. Tomó su radio y llamó con urgencia a sus hombres, mientras el sacaba del interior de la bolsa un pequeño objeto que emitía unos sonidos anhelantes y lo llevaba a su pecho para mecerlo en sus brazos Un pequeño niño recién nacido, todavía sanguinolento con su pequeño cordón umbilical colgando en su vientre, daba manotazos al aire moviéndose con aprehensión. Estaba todo sucio, lleno de su misma porquería, olía mal, estaba todo muy rojo y casi a punto de morir. El intendente lo abrigó al pequeño con su saco, mientras hablaba ahora con sus subalternos Haciendo preguntas y gritaba, y gesticulaba, daba órdenes incoherentes y corría para llevar a la pequeña criatura a los médicos, que ya venían atravesando la ciudad en una ambulancia que acompañaba con su estridencia a los demás ruidos de la cuidad.
La Niña.
El río viene de las montañas, nace por allá muy lejos quien sabe en donde, y por cuales recovecos transita hasta pasar por el caserío. En verano pasa mansamente con aguas cristalinas y poco cauce. Hay que bajar algo así como un cañón de casi de ocho metros, para bajar al río. Los niños vienen a jugar con las aguas, alguna raya rezagada del invierno logra picar a alguno y así y todo, todos, disfrutan del río que trae la subienda de Coporos y Bocachicos que en manadas bajan y suben la corriente en un relámpago gris. Los domingos y días de fiesta, se llenan las playas del río, los sancochos se exhiben en las orillas y las personas como las iguanas cogen sol y disfrutan del baño en las cálidas aguas.
El invierno es constante y cuando llega parece nunca acabar, cuando empieza a caer agua todo se llena de barro y el agua cae a cántaros por muchos días acompañada muchas veces de fuerte viento y mucha tormenta, rayos que resuenan desde lejos y producen un trueno que se alarga distante en constante eco. Grandes estragos causa el invierno, muchas veces daña la carretera, la llena de huecos y los camiones no pueden transitar por ella para recoger la cosecha En éste invierno, el río pasó raudo haciendo olas, se llenó hasta el tope, subió la pared de piedra y rocas y en algunas partes se rebosó y llegó hasta las casas, arrastrando a su paso al cambural, y se ahogaron varios animales y a otros, los arrastró.. La pobre vaca no tiene como salir de la corriente, el mugido es como una larga despedida. Mas de ocho metros subió desde que en días anteriores pasaba mansamente con aguas cristalinas murmullando entre guijarros. Ya no se puede jugar en el. Pasa oscuro con sus aguas sucias saturado de arena, que arrastra desde las montañas
Es el verano, la estación calurosa y en el día, el calor se hace insoportable y hay que levantarse muy temprano para poder trabajar la tierra. Por que después de las diez de la mañana no se puede estar, el sol se comporta implacablemente. Desde la madrugada, los tractores pasan constantemente en un brioso zigzaguear, van pasando y repasando en un mismo terreno, desmenuzando la tierra para llevarla al tono para poder sembrarla, levantando polvo a su paso. A los muchachos le es difícil ir a la escuela., a veces viene un maestro, lo lejano y la falta de trasporte imposibilitan llegar a tiempo para impartir las clases necesarias. Las niñas están ayudando a su madre, ella las va enseñando a los quehaceres diarios y los jóvenes se van al campo a trabajar. En la casa de bahareque viven muchos de ellos, están viviendo hacinados son varios los que habitan en la pequeña casa. El padre, la madre, unos tíos y varios niños, que duermen juntos en una misma cama. La comida es escasa, no es de lujo pero siempre hay algo; los granos que se recogen en la siembra, cualquier animal que se logra cazar en el monte o alguna ave que siempre llena la olla. Nunca faltan los huevos, las gallinas criollas siempre andan poniendo en el monte y los niños se encargan de recoger la cosecha. Lo demás lo logran comprar en la bodeguita del pueblo. Así van creciendo, con falta de escuela, falta de alimentación y falta de planes gubernamentales para tratar de llevar un mejor modo de vida a los habitantes del caserío.
El invierno y el verano dos contrastes permanentes, cuando dice llover, llueve y llueve, como si cayera toda el agua del mundo y en verano, cuando dice calor, es sol y sol. Ambas son implacables, a veces hay inundaciones, se pierden las siembras y así se contribuye a entrar al círculo vicioso de la miseria. Los muchachos van creciendo, la niña se va volviendo mujer, van al río, al pueblo, a la ciudad, van a la escuela montados en los tractores que los lleva a la vía para luego ellos caminar y caminar, son casi treinta kilómetros, muchos de ellos van descalzos para no dañar las alpargatas, el único calzado que tienen. Se ríen porque la risa nunca se pierde cuando se es niño, joven e inocente, se ríen en sus juegos, viven con la inocencia y pureza que da la soledad y el campo. Las travesuras con el gato, el perro cazador que persigue la presa, el olor de mastranto en los caminos, el volantín y el trabajo, el duro trabajo de campo, arrancar el grano de la mazorca golpeándolo con el garrote. Sembrar la semilla a mano, se daño la sembradora, caminar detrás del tractor con el saquito en la espalda, el niño ayuda a tapar el huequito.
Y así pasan los días y las tardes, las semanas y los años, la niña va creciendo como la espiga del sorgo, como la del maíz, como la del arroz, que siembran entrando el invierno, en la tranquilidad del campo, va siendo feliz con todo y sus carencias, con su falta de escuela, acostumbrada a su vida simple y parca.
De la ciudad vinieron las ofertas. La convencieron en un solo asalto, la joven y simple muchacha con todavía sus diez y seis años, y niña, aún no había entrado en las fases, de cómo la luna pasan cada veinte y ocho días. La invitaron a la capital, le hablaban maravillas de trabajo y de dinero, de cosas que comprar en los centros comerciales, de ricas vestimentas, le hablaron de joyas, de cine, de televisión, de farándula, le llenaron la mente de los milagros modernos y le entro la llama del consumo.
Varias muchachas fueron reclutadas, las llevaron a la capital. Las señoras que se encargan de buscar muchachas en los campos para trabajar en las casas de familia, iban con una buena cosecha.
Y la muchacha cayó en una de ellas, las reglas algo rigurosas. El trabajo durante toda la semana desde muy temprano en la mañana; alistar a los niños que van a la escuela. Los pobres que se levantan muy temprano y casi dormitados, actúan como robots, tienen que estar muy de madrugada a esperar el transporte, que atraviesa muchas veces toda la ciudad, para llegar con un tráfico descomunal a sus respectivos escuelas. Debería de existir un horario más flexible para que los niños, no sufran los rigores de un sistema inflexible y riguroso. El trabajo al principio se le hizo un poco fuerte, no estaba acostumbrada a los rigores de una patrona que actuaba como un sargento, pero así y todo, emprendió con empeño su largo trajín. Que vengas a lavar aquí, ir allí, venga acá, planchar esto, cocinar lo otro, limpia aquí, limpia allá, no terminaba una cosa para empezar otra, y la muchacha se convirtió en una moderna cenicienta cuya ada madrina, nunca iba a aparecer. Y así llegaban las noches para ir a descansar unos músculos adoloridos toda molida, para ir a dormir y levantarse bien temprano a empezar de nuevo su largo ajetreo. No pegó el ojo en su primera noche añorando su tierra.
Así logro cambiar la bucólica existencia, la paz espiritual, la tranquilidad de los que era su vida para un ajetreo diario, de horas y horas de trabajo, de casi trabajar sin descanso.
Llegó el sábado era el día libre, no conocía a nadie, no obstante salió.
Durante la semana trabó conversación con otras muchachas que trabajaban en otras casas; en momentos en que botaba la basura o esperaba el transporte de los niños, en esos breves instantes, las muchachas hablaban de sus cosas y convinieron a encontrarse el fin de semana para salir a conocer la ciudad.
Salió a conocer la Ciudad y en la gran ciudad se perdió, perdió su sitio, su espacio, su libertad.
Fue libre de comprar. Su primera compra, fue en el gran centro comercial, en donde se exhiben fastuosamente todos los objetos de deseo. Compro ropa para sus hermanitos, regalos para su madre y para el viejo, un hermoso sombrero pelo de guama, y compró, varias navajas de marca para sus tíos. Visitó un cine, vio su primera película y se desgañitó de la risa. Era una de la mar de divertida.
La Mujer
Y llegó. Una tarde, cuando regaba el jardín y el vapor del agua que brotaba, emitía el olor de tierra mojada que se mezclaba con el de las rosas. Cuando oía el murmullar del tráfico de la cuidad, el de los ruidos eternos que se combinan uniéndose entre sí, haciendo una amalgama intrínseca en ecos de ciudades sempiternas. Sintió el dolor en su vientre y el brote de su cuerpo florecer…
Apareció el sobrino. El niño mimado de la familia, que la empezó a acosar.
La cercaba en la escalera, en el jardín, le decía palabras en los oídos, le llenaba la habitación de rosas. Un Caramelo, un chocolate, un bombón. Ella medrosa miraba hacia el piso, pero en su cara se notaba la sonrisa de satisfacción, y en sus pómulos se observaba el rubor. Y todavía la acosaba más y más, día tras día, hasta que le robó un beso detrás de la puerta, la agarro cuando ella tenía las manos llenas de platos y vasos, y así, sin poder defender chupó de sus labios néctar de flor. A ella ese beso le supo a ambrosia, le supo a la miel que recogen de los palos allá en su campo, le supo a brisa, a perfume de mastranto, a aroma de bosque de su campiña adorada. Entonces, él le habló de amor, de sueños, de romances, de porvenir, con palabras dulces, acarameladas y tiernas, le haló de pasión. Ella sintió muy dentro de sí el despertar de la sensualidad, el despertar de su capullo en flor, y sintió un fuego nuevo y silencioso que abarcaba todo su cuerpo, cubriéndola de rubor. Y ese fuego no se apaga si no con amor. Y el amor esa noche llegó. Llovía a cantaros en una noche de septiembre, fría y con lluvia. Allá afuera, las nubes abrasaban a la montaña con el frió abrazo del invierno y no dejaban de esparcir líquido, mojando toda la cuidad. El se metió en su cuarto, por la ventana que daba al patio trasero. El ruido de los truenos, no dejaban oír otra cosa. Ella asustada lo convidaba a salir, pero sus ojos decían otra cosa. “Pero la señora y los niños, el ruido, por favor”..... El le puso un dedo en los labios, ella quiso hablar de nuevo, pero sus palabras fueron cortadas con un cálido abrazo. La besaba en el cuello, le tocaba los senos, ella sintió como un mareo, sus ojos se nublaron, sus labios se abrieron para recibir el primer beso, que continuó con otro y otro, hasta hacerse infinitos. Y esa noche para ella se convirtió en magia. Se repitió muchas veces, al principio tuvo mucho miedo de que fuera descubierta y tomaba todas las precauciones posibles, luego las noches eran esperadas con ansia. Y el día combatía el cansancio, que era vencido con una nueva noche de amor.
Y noto el cambio. Un día se sintió mareada muy temprano en las mañana, cuando esperaban el trasporte de los niños, y un ansía muy grande le hizo trasbocar. Sintió un cambio en su cuerpo, los senos le parecían hacerse crecer, y sensaciones extrañas le sucedían a ella y a su cuerpo. Al principio le extraño, pero enseguida cayo en cuenta y optó por hablar con su furtivo amante.
El se reía, no lo creía, le criticaba, la aconsejaba, que no le dijese a nadie y la convido a que lo botara... Y que si alguno de sus pariente lo sabría, ella sería la perjudicada. La echarían de la casa y allá en su campo la tratarían mal, la juzgarían. Él empezó a alejarse y después de unos meses desapareció por completo de la casa. Le dijeron que fue a un viaje a un país lejano. Esa noche lloró desconsolada, pasó una noche terrible, en sus sueños veía monstruos terribles y feroces que la acosaban queriendo destruirla, esa noche y muchas como esa, no pudo pegar un ojo. El mundo se le puso chiquito, se enflaqueció y ocultó su estado, usaba ropas anchas y a los seis meses no se le notaba nada. Tenía miedo de hablar, miedo de ir al su pueblo, miedo a sus padres y parientes. Miedo al que dirán, a los regaños, a los insultos y peleas. Miedo a que la gente la creyera mujer fácil y sin escrúpulos. Miedo a la crítica, a que la señalaran como toda una desvergonzada. Estaba toda cuestionada, se hacia mil preguntas y no hallaba ninguna respuesta, solo tenía remordimiento y soledad. Cambió su carácter, se convirtió en huraña, no hablaba casi con nadie y después de su trabajo se encerraba en su habitación., no salía en sus días libres y en sus ojos se reflejaban soledad y mucha tristeza. Se sentía como muerta en vida.
Pasaba por los siete meses, entraba la madrugada, ella como todas las noches no podía conciliar el sueño. Un dolor intenso, muy adentro de su cuerpo, nuevo para ella, le acometió incesante, constante y en aumento. Fue al baño, y allí sola, se lleno de terror, por sus muslos rodaba la sangre, espasmos le sucedían, se agarro del toallero y se colocó en cuclillas. Lo sintió venir desde muy dentro. Quiso gritar, pero fue un grito ahogado por el borde de una toalla que coloco entre los dientes. Pero si hubo gritos silenciosos. Gritaba su espíritu herido, gritaba su sangre derramada. Sintió caer a la criatura. Por un instante lo vio sin sentir nada, estaba seca. Para ella era un feto, un objeto indeseado que se escapa de su vida, que la desata, que la deja libre.
Lo recogió y lo metió en una bolsa negra, limpió el baño, se lavó y cambió. Salió a la calle con su paquete en la mano. En sus ojos se asomaban lágrimas de dolor. Se dirigió a la edificación de enfrente, un conjunto de varios edificios, tan altos, que parecen llegar hasta Dios. Allí deja su paquete y se va. Mira a la casa que la cobijo durante todos estos meses , donde conoció el amor, la angustia y el dolor. Y se retira caminado por la calle paralela a la casa, observando el frío perfil de los balcones, ventanas y jardines. Se va sin mirar atrás. No piensa regresar.
El Niño......
Los socorristas limpiaron al niño, y lo llevaron con toda rapidez al hospital. Sus mentes estaban llenas de pensamientos encontrados en contra de las mujeres desnaturalizadas, que desechan a sus hijos y los arrojan a los basureros y sitios extraños, no dándose cuenta que son seres humanos, sangre de su sangre, fruto que llevan en su vientre.. Maldecían a las madres desnaturalizadas, y a todas las que abortan, a las que no son valientes para llevar su carga. No existe razón ni motivo para hacer un acto tan canalla y ruin para con el ser humano. Esto pensaba la médico que corría con el niño para meterlo en la incubadora
El niño movía sus cabecita, parecía como si mirara con sus ojos cerrados a todas partes como buscando algo. Sus labios eran finitos y morados, “Parece un gran luchador, es un niño valiente”. Comentaban las enfermeras.
Y logró sobrevivir.
Rubén Patrizi
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24/01/2007
El Pescador Autor:Javier Adriani Nacionalidad: venezolano Dirección: calle h, Urb. Alto Chama, Mérida, Venezuela Telefonos: (0414) 374-0473 E-mail: gerencia@dacko.net Titulo: composición #1 Técnica: Metal Tamaño: 45 cm Año: 2005
El Pescador.
Se forma un círculo en el aire y la liviana red cae al agua. Un instante después surgen a su mano unos plateados peces saltarines.
El círculo se forma constante e invariable y cada vez que el viejo lanza la atarraya, ésta se abre en forma majestuosa y una y otra vez cae al agua reclutando en su seno alguna presa.
Bocachicos, carpeticas, bagres, robalos, y algún cangrejo no invitado, caen en la red.
En otros lanzamientos, vienen curbinas, icotíes, armadillos y hasta algún que otro pámpanos.
“Cuidado con la serpiente”, me comenta. Y la veo venir. Su color oscuro se puede confundir con un madero que vaga con la corriente. El agua la arrastra caño arriba y ella se deja llevar, va como aletargada y enrollada y su cabeza sobresale en la superficie.
El agua sube con la marea y vienen peces en la subienda. Que felicidad, peces a montón.
Pero no todo es alegría, cuando la corriente baja hacia la playa, nada, se lanza de nuevo la red, haciendo amagues en vano y no se logra sacar gran cosa, muchas de las veces sale vacía, se acaba la esperanza...
El hombre alto, de cara sonrosada y curtido por el sol, sonríe, dispara rayos azules de sus ojos. Tiene una gorra en la cabeza que cubre su blanco pelo que lo resguarda del sol. Usa una franela blancay curtida y su pantalón kaki que lo arremanga hasta la rodilla, son sus vestimentas.
Allí observa con atención el ocre agua y como conociendo como, donde y cuando, se prepara para lanzar la red. Con nuevo esfuerzo y en un envión, ésta sale de sus manos, abriéndose como las alas de una mariposa en pleno vuelo, solo un cordel quedaba atado a su mano. La mariposa cae al agua para atrapar en su interior a los peces que eran adivinados desde la superficie.
El viejo se mueve consustanciado con el ambiente; con los manglares que bordean el caño, con el cielo límpido azul y claro, con los animales que se esconden en los agujeros, con el agua fresca y oscura llena de peces, que sube y baja dependiendo de la luna, con los atardeceres frescos llenos de brisa, con el calor insoportable del día y hasta de la noche, con lo árido del paisaje, con el hábitat, con los coloridos pájaros, con la vida misma.
Caminamos caño arriba, entre los meandros que formaba la corriente. El viejo me indica que me quede detrás de él y va observando los recodos, que se van volviendo profundos con pasmosa rapidez y que logran cubrir a una persona. De nuevo replica ”Ven al centro detrás de mí”. El viejo escoge un punto y allí escruta el agua con sus ojos azules que se tornan en grises viendo hacia el horizonte, y allí con una sonrisa en los labios lanza de nuevo la red. Rubén Patrizi derechos reservados www.vocesysusurros.3a2.com
25/01/2007
Eubatrachia Eubatrachia Una sensación , un peso en mi hombro, una sacudida, rápida, certera desesperante, con rabia, con fuerza. ......Desordenadamente el grupo hierve, con movimientos, palmazos, manotazos, como espantando avispas en vuelo. Un brinco, una risa , un susto, otra risa, otro susto, otro brinco, otro manotazo. Los ojos brotan , se abren redondos , con expresión de asombro y miedo. Mueca en sus labios, en los labios, rostros hermosos que se deforman por el asco, con repugnancia y miedo; el temor en los gestos, otro manotazo, va pasando de uno en uno, de otro en otro, a todos, como una epidemia, como una enfermedad, y todos están contrariados, contorneándose , y al mismo tiempo dando manotazos, brincos, palmazos, al aire , a sus ropas, a su pelo. Va de cuerpo en cuerpo, de hombro a hombro, a la blonda cabellera, a la de rizos, a la de pelo corto, a la de canas, brinca, salta con su cuerpo frío y baboso, con un rostro que va reflejada en su cara una sonrisa de perenne burla, una sonrisa sardónica y sus ojos saltones y grandes zancas; otros manotazos más ¡ uy ¡ más ¡ay! ,más risas, todos se estremecen. Y al fin pasa. Se desliza por el cristal de la ventana, chorreando; su baboso cuerpo de rana. Rubén Patrizi www.vocesysusurros.3a2.com
26/01/2007
Simón Después de presentar sus respetos, abrazar a la viuda, besar a los niños, acariciar al bebe, volver abrazar a la madre, saludar a los familiares y asentir con seriedad como si fuera dueño de funeraria , se iba al comedor a almorzar.
Con intriga la gente se preguntaba ¿“Quien será este señor, dònde y cómo lo han conocido, a qué parentela pertenecerá, será un nieto del abuelo o algún familiar de alguna rama colateral. será un albacea, un amigo de la familia, un amigo de la señora, un pariente, o alguien muy lejano que viene a presentar sus respetos?.
Todos los días o casi todos, se encontraba almorzando en la funeraria; era todo un profesional, su predilección era ; los consomés, las galletas, los chocolates, los cafés de las tardes.
Almorzaba abundantemente después de acompañar en la oración; un padre nuestro y aves marías, oír responsos y hasta las misas. Luego se escapaba sigiloso al comedor.
Casi nunca había desayuno, pero si un buen café y a veces por las noches se iba en blanco, pero los fines de semana, siempre eran los mejores, a veces se comía doble. Un difunto en una, otro en otra y si eran de alcurnia, pues mucho mejor. Un funeral de doctor, de ministro, o de gran señor, eran de un almuerzo de lo mejor, de los más abundantes, pues además de haber mucha gente , él lograba pasar desapercibido.
Su corbata negra, su flux gris muy oscuro, tirando a luto y su camisa blanca de manga de yuntas , lo hacían de buen ver. Había preguntas en los rostros de las personas,”¿Quién es este señor que caricompunjido saluda a los deudos, dando pésames a diestra y sinistra, dando abrazos y apretones de mano?..... Lo dejaban pasar.
No tenía trabajo y como último recurso, empezó a visitar las funerarias, viendo los avisos, las esquelas, las invitaciones de los periódicos que conseguía en las madrugadas, para así escoger las funerarias en donde se podía comer con toda tranquilidad.
Rubén Patrizi
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27/01/2007
Los Niños De La Noche
Cinco años Siete años Dos hermanos de la vida El menor aún balbucea el mayor ya usa un arma
El menor corre por la ciudad Con lágrimas en los ojos
El Mayor es su padre, su madre, su amigo lo cuida
Fuman; beben, y matan
El mayor camina como dormido Y ciega vidas alegremente Sin remordimiento Sin derramar un sentimiento Sin odio Con crueldad infantil Porque no tiene conciencia Es fácil para él
Pero ama a su hermano Y lo protege
Y están en el rancho en el cerro se ocultan
El menor esculca la basura Para paliar el hambre
El mayor asalta en las esquinas
Y corren y corren Huyen de las sombras De si mismos Viven en la miseria Tratando de ocultarse de la vida Escapando Sus ojos están secos no brotan más las lágrimas......
Rubén Patrizi
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30/01/2007
El Puente De La Luna Parte1
La bisabuela me lo contó, un día cuando vio uno igual, así como el que estamos presenciando hoy, esta luna grande, llena, muy blanca, con esa luz de marfil, que inunda todo con plata.
Hay un puente, un pequeño puente angosto, o gran puente angosto, siempre es bueno que sea angosto, decía ella, para así pasarlo rápidamente, porque había que ser muy rápido, para poder lograrlo.
Cuando todo este inundado con la luz, cuando las hojas de los árboles irradien el platino, cuando los caminos del monte se llenen de sombras, las de los árboles con sus ramas al viento meciéndose, y ese camino este alumbrando, muy fuerte, muy angosto, ese es el momento y hay que aprovecharlo, hay que correr y correr, para poder atravesarlo.
Así me lo contaba la viejecita, yo era muy niño cuando eso y todavía lo recuerdo muy bien. Siempre cuando veo esta luna que nos llena de magia.
Ella cuenta que cuando era muy joven, hace muchos, pero muchos años, era casi una niña, acompañó a su otra bisabuela la que sabía, la que veía las cosas, la de la magia.
Cruzaron el puente en el momento indicado, corrieron y corrieron llegando al mundo de la fantasía.
Allí, se saben muchas cosas, o todas las cosas. Me contaba, que allí se puede saber donde se encuentran las pequeñas cosas que se nos pierden; un botón, un dedal, una canica. El compañero del calcetín que se extravió, no se sabe ni cuando ni donde, y se averigua; para donde van a parar las monedas de cambio, las mas chiquitas, esas que desaparecen de las gavetas.
También se aclaran muchos misterios. Sobre el resortijo de cables. Sobre los enredos de los alambres, de las pitas, de los guarales, de como se enredan después de tenerlos un tiempo guardados en los cajones, averiguamos, el porque de las sonrisas de los niños, que miran al techo desde sus cunas. Todos esos misterios, de los porqués de las preguntas de los niños, las que no sabemos responder. Porqué los cangrejos caminan al revés, porqué llueve para abajo, el porqué de las plumas de las aves y las escamas de los peces.
Todo eso se sabrá, pero hay que caminar muy rápido casi correr porque si uno se para o el rayo se ensancha existe el peligro de caer y de morir ahogado si no sabes nadar. Es solo un instante que el puente funciona, por eso casi nadie lo atraviesa, solo por miedo...
Y al cruzarlo, llegas al sitio en donde están los revés de los espejos, y todo lo puedes mirar de reverso, allí puedes escoger lo que quieras ver como de una gran ventana y con solo imaginártelo, allí estarás, en cualquier parte del mundo.
Podrás ver a tus padres fallecidos, a tus familiares a tus amigos, los hijos que no han nacido, a tus amores perdidos y los que vendrán. A las personas que han partido y podrás estar un momento con ellas. Pero solo verlas.
También veras si el mundo morirá por las ruindades, envidias y maldad.
O en cambio llegará la esperanza, y se salvará, porque el hombre puede ser bueno.
Allí no te puedes quedar mucho tiempo, porque corres el riesgo de quedar vagando en el éter, en el tiempo, en la imaginación de las personas y nunca podrás salir, así que deberás correr, salir como entraste, o saltar de cualquier espejo que te lo pueda permitir. Uno cuyo reflejo, paisaje conozcas, a una habitación que te sea familiar.
R. Patrizi. M. derechos reservados www.vocesysusurros.3a2.com
El Muchacho Que Perdiò Una Sabana "Sencillamente todo estriba en la fórmula: “Tendría usted la bondad de hacer tal cosa?», en lugar de: «¡Haga usted esto!”
--¡Qué Molleja, Primo! --¡Sí, y todavía, parece que ella quería más. --¡No me digas! --¡Sí pero inmediatamente le paramos el trote y le dijimos al g... ese, que se quedara tranquilo, que nosotros no ocupábamos del asunto. Que cada uno de nosotros iba a ir con un martillo, mandarria, palo, o lo que fuera. Para que no le quedara ni un bloque, ni un pedacito de piso a ese asqueroso rancho. --¿Y que dijo él. Hermano? --¡Qué no!. Negó todo y por supuesto, no dejo que nadie reclamara, ni que hicieran nada. --¡Que baina!, nosotros por lo menos lo hubiéramos vengado, esa mujer no debió de echarle una baina así al primo.....
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Música, baile, fiesta, humo. Son sinónimos en conjunto. Están unidos en el deforme e incongruente éxtasis del momento.
Allí Bailaban. Juntos los cuerpos al son de la pieza, descifrando los acordes en un vaivén de movimientos. El sudor, lo tibio del aliento, el humo que se une con el amargo del trago, el hielo que se desliza por la piel tratando de calmar un deseo, o alborotando las ideas.
Palabras que se dicen en instantes de cuerpos sumergidos en el marullo del embeleso, y el mareo que obnibula los sentidos, esperando que el tiempo inexorable termine en la resaca de los sueños.
--¡Quiero que seas mi mujer!... ¡Te vienes a vivir conmigo, con lo que gano no te faltará nada!.--,el hombre le habla muy cerca, en el oído, sus palabras son un susurro. La mujer sonríe halagada. --¡Es un honor—ríe, muestra su dentadura, le responde con suavidad.---¡Pero no puedo!. ¡tú sabes que tengo marido, y dos chamos!, ¡tranquilo, mañana hablaremos, y te presentaré a mi hermana!.
La música continua. El hombre se tambalea, el licor lo tiene dominado, y sus sentidos fallan. Habla incoherencias, ya no se le entiende, se torna veleidoso, variable, y poco a poco se va convirtiendo en un inconveniente. Sometido por el alcohol, sus amigos lo rechazan, algunos, los que no lo conocen, lo miran mal. Los íntimos, se lo llevan y poco a poco va tambaleándose por las calles, el frió de la madrugada lo despabila un poco, logra encender un nuevo cigarrillo y lo arroja inmediatamente, un sabor insoportable le llega a la boca del estómago haciéndolo trasbocar, por fin llega a su casa, a tirarse en su catre desvencijado y viejo, que lo espera.
Al día siguiente, trata de recordar, de revivir lo pasado la fiesta en el bar. Solo una leve evocación se aferra a su mente. El dolor de cabeza es insoportable. Piensa en el ahora y sonríe, me estoy haciendo viejo para estos trotes.
Al atardecer prepara sus cosas para el trabajo, limpia el arma, la que usa a diario, su compañera nocturna, la que llena de sudor, la que manosea todas las noches hasta el cansancio. Es la única compañera en las noches de insomnio.
Muy temprano en la mañana, antes de ir a dormir, pasa por la casa de la mujer, ella le prometió que le presentaría a su hermana, es un poco temprano para entrar. Esperaría un poco y llamaría.....
La oferta era tentadora, una por otra. Ella no era muy hermosa y estaba pasadita de años, pero era muy tratable. Allí en las noches sus ojos resplandecían, brillaban como luceros, todo cambiaba parecía que el ambiente la hacia rejuvenecer, se transformaba en otra persona. Mas audaz, más entradora y su conversación trataba varios temas o eso parecía.
En la mañana, los estragos de las noches se ven alrededor de los ojos, un halo sombrío los envuelve, y la mirada es apagada y los ojitos se achinan cuando la luz del sol quiere entrar por la ventana que cubre la cortina.....
--Es muy temprano. Te caíste de la cama--, le comenta la mujer medio dormida todavía. --No, sabes que trabajo toda la noche y apenas vengo saliendo, te traje algo para comer y a ver cómo haces para presentarme a tu hermana.
Ella toma con una mueca que parece ser una sonrisa el paquete que le ofrece.
--Esperate un poco que voy a preparar café, --se estira, bosteza, desentumece los músculos y se va a la cocina.....
En el la habitación contigua se oye el murmullo del abanico, que gira y gira blandiendo en cada movimiento un soplido que trata de alejar el calor que viene aumentando a medida que el día se insinúa.
Un niño empieza a llorar, otro se asoma por entre unas cortinas y sonríe..
El hombre saluda y también le sonríe al niño.
La mujer regresa con una taza humante y olorosa, despidiendo fragancia de despertares alegres. Se la deja junto con una arepa y se va a atender al niño que llora.
El hombre toma el café degustando y saboreándolo, se va comiendo la arepa poco a poco, el día se va consumiendo, las tejas de cinc van calentando la habitación.. --Mira niño, pasa el abanico pa la sala. Está empezando a calentar.
--Bueno mujer, y ese otro niño que llora de quién es, yo se que tienes dos, este que me acaba de traer el abanico y la hembrita. --El bebé es de mi hermana la que te voy a presentar para que te caseis con ella--.Ríe --¡ Ah que bueno! .¿Y el compadre cuando viene?- --¡tú sabes que el tarda porque está allá en los pozos, se van quince días y descansan otros quince. --Eso debe ser la muerte allá en lo profundo del lago rodeado de agua, y sin ver a nadie durante quince días. Es para machos. --Y después se tarda en venir, porque debe llevarle los cobres a la mujer, para los otros hijos y cuando lo sueltan se viene para acá—comentando con un tono de falsa resignación.
La mujer trae la criatura, y se la coloca al hombre en lo brazos y a manera de guasa le dice.—Para que la conozcáis, es una hembrita, la hija de mi hermana cargala un ratito. Diciéndole a la niña—Conoce a tu futuro papá. Ja, ja, ja.
Detrás viene otra mujer, alta y delgada la cabellera negra de azabache le llega a la cintura y parece evangélica., debido a la vestimenta. Su estereotipo.
--Mucho gusto esta es mi hermana—, le dice la mujer mirando al hombre, la otra alarga la mano. El hombre se la toma y le dice lo de rigor sonriendo, nota en el interior de su palma una pequeña callosidad. Se sientan juntos y empiezan a dialogar. La niña se incomoda, se revuelve, está a punto de llorar. --Es el calor—dice la nueva mujer..... --Bueno ya yo los presenté, ahora conózcanse, hablen entre ustedes yo me llevo la niña. Chaito pues. –Y se aleja con la niña en los brazos. Siempre riendo--¡Ja, ja, ja.
--Esa hermana mía—ríe.... --Entonces tienes tiempo que viniste de san Cristóbal—Para entrar en el calor de la conversación el hombre empieza a ingeniárselas. --No, ya llevo varios meses por acá. --Pero no te había visto. --Salgo poco, pero estuve un tiempo en casa de mi otra hermana allá en el barrio de las luces. --Son varias hermanas. --Si, somos seis pero las otras están en San Cristóbal, acá estamos solamente ella yo y la otra que vive en las luces. -¡Ah bueno comprendo! --Y hablame de vos, ¿ qué haces, dónde vivis, dónde trabajas?--, diciéndole todo esto, poniéndole un tono de interés y curiosidad. --Trabajo de noche, tu hermana sabe, y vivo por aquí cerca.
Quedaron citados para el día siguiente...El hombre se le acerca a la mujer y le sonríe, le muestra su blanca dentadura, ella también sonríe e inmediatamente empiezan a platicar. Con tácito acuerdo bailaron, tomaron unos tragos y pasaron toda la tarde juntos.
Se dieron la mano y se despidieron, el hombre, muy entusiasmado se retira haciendo promesas de regresar al día siguiente.
El hombre llegó después del mediodía, estaba fresco y descansado, ya había dormido su turno. La mujer le abrió la puerta, estaba con la niña en los brazos, sus ojos se veían transidos y sus vestidos demostraban su pobreza, algo descoloridos por el uso, pero estaban limpios.
Se acercó al hombre y lo invitó a entrar a el rancho --Sentate un rato—Le dice,--Aquí podremos hablar—continua zalameramente.
Allí en el terreno tengo tendidas unas bases y hay una pared de bloque a medio construir, falta terminar de levantarlas, techarlo con láminas de cinc, colocarle...
El hombre todo se le iba en risa, mostrando su blanca dentadura, ninguna palabra le salía de sus labios, solo asentaba con la cabeza, en casi todo lo que la mujer le comentaba.
--Bueno después compramos algunos muebles, un abanico, hacemos un closet en el cuarto y lo adornamos con papel tapiz--, todo esto lo hablaba la mujer haciendo muecas de promesas futuras, sonriendo y brindando al hombre con unas cuantas cervezas.
Del dicho a la acción. El hombre retiro afanosamente un dinero del Banco, enseguida compró; arena, láminas de zinc, madera para bases, tubos de concreto, cemento, lavabos, water, y contrató a un albañil, el cual le fue sugerido por la mujer, ya que era amigo de la familia y estaba sin trabajo.
Cada atardecer antes de ir a su trabajo el hombre iba a revisar las obras. Miraba el techo medio cubierto por las láminas, las paredes que se iban alzando, la empotración de las tuberías, el piso de cemento, las vigas. El rancho iba creciendo , se iba transformado en una hermosa casita de dos aguas, mejorando su aspecto.
El hombre hablaba con la mujer, estaba un rato y se retiraba a su trabajo, se iba todo inflado luciendo un uniforme nuevo.
Los fines de semana la mujer lo obsequiaba con risas , mimos, miradas lánguidas y complacientes, y ella toda llena de promesas que demostraban la seguridad de cumplirlas con toda cabalidad.
El hombre satisfecho bebía cerveza, cargaba a la niña, mostraba su hermosa dentadura y quedándose conforme con las promesas a futuro de la mujer.
Llega el camión con unos muebles, un hermoso juego de cuarto; la cama de madera las mesas nocheros y un gran colchón king size. Inmediatamente corrieron a colocarlo en la habitación.
El hombre se tira en la cama cuan largo es, invita a la mujer a acostarse con ella, ella mantiene a la niña en los brazos y como por un arte de pura magia, ellla empieza a llorar... Y lloraba como si le hubiesen propinado una enorme nalgada, o un sigiloso pellizco.
Lloraba tanto que llegó un momento que se puso morada, se veía que perdía el aire, hacia unos reverberos raros y luego de respirar profundamente se ponía a llorar de nuevo estrepitosamente.
El hombre se sienta en la cama y se ve todo confundido, no sabe que hacer, observa que la niña tiene un ataque extraño y se ofrece en este ultimo caso a llevarlo a algún hospital o centro de atención para así saber a ciencia cierta su estado, que según sus adentros era muy normal, un ataque de malacrianza.
--Será que está así tan enferma, tan de repente le dio un ataque—esta vez el hombre no mostraba su hermosa dentadura.
Ella le contesta que no, que se fuera, que volviera al día siguiente, para hacer descansar a la criatura, darle pecho y hacerla dormir.
El hombre se retira y camino a su casa, un vecino lo aborda. --Mira Viejo, no le pare mucha bola a la mujercita, fíjese bien en lo que hace. No le gaste tanto, ella no es mujer para usted. Cuando usted se va, ella también y muchas veces la pequeña queda sola toda la noche, y los vecinos la oímos llorar y llorar, hasta que logra quedarse dormida.—El vecino se le queda mirando a los ojos con una media sonrisa en sus labios esperando cualquier razonamiento en el hombre.
El hombre lo miró de arriba abajo, y se sintió muy ofendido. Pensó en sus adentros, la envidia de las personas, y con un enorme deseo de golpear a este señor que ha sido su conocido por muchos años. Pero logró contenerse y fingiendo una sonrisa, le dio un apretón de manos y se retiró.
Esa noche en el trabajo, las palabras del viejo, transitaban en el galpón. Era como una brisa que entraba por los ventanales y corría chocando las paredes. O como los murciélagos que penetran por lo huecos revoloteando en lo alto Acariciaba la culata del arma, pensamientos e imágenes. Esa noche fue un infierno para él.
Y no pudo dormir, se le acumulaban en la mente pensamientos oscuros, y en ella danzaban imágenes y las palabras del vecino. Parecía oírlo de nuevo y a medida que pasaban las horas, era más fuerte, su voz resonaba con un eco que martillaba las sienes, estaba llegando casi a la desesperación. El sudor enjuagaba su cuerpo, se levantó ya que no podía estar más en cama....
Esta vez no quiso seguir acostado ya que siempre dormía hasta muy tarde casi hasta el mediodía.
El hombre llegó al rancho y no encontró a la mujer. La hermana cuidaba del niño y puso cara de asombro en cuanto lo vio llegar. El hombre se enojó y conminó a la mujer a que hablara, Le comentó de su conversación del día anterior, y la puso con la espada a la pared.
La mujer se sintió avergonzada y en tris empezó a hablar.
--Yo le he dicho a ella que se porte bien, que ha conseguido a un hombre que la quiere, que la respeta, que debe ser diferente. Ella me replica que no debo meterme en sus cosas, que sabe lo que hace.
El hombre se sienta en la cama, puso sus manos en las sienes y apretó con ellas su cabeza.
La mujer entró a la habitación en ese momento, vio el rostro del hombre, a su hermana y a la niña que dormía placidamente. En un instante se dio cuenta de la situación, e inmediatamente empezó el ataque. Con la mirada largó a su hermana. Se acercó al hombre le puso una mano sobre su cabeza y le acarició el pelo. Éste volteo a mirarla y la notó diferente, venía con otro aspecto, estaba desgreñada, su hermosa cabellera revuelta y con un aspecto que emanaba un sabor de noche, de bar, de calle.
Ella con voz dulce apaciguadora empieza a hablarle.
--Amor solo nos falta abrir el agujero en la pared para el aire acondicionado y comprar el aparato, para así poder vivir juntos en este nido que estas haciendo para mí y así, poder disfrutarlo como mereces--.Le sonreía tiernamente, le hablaba como si fuese una criatura, en sus dientes se veía un reflejo amarillento y de su aliento, emanaba un olor a alcohol y tabaco.
El hombre se levantó de la cama la tomó por los hombros, la empujó hacia el jergón y fue la única vez que le habló, y esta vez no se le vio su hermosa dentadura.
--¡Vete pal carajo!.....
La mujer abre los ojos desmesuradamente su cabellera revuelta le daba un aspecto de hechicera, trata de hablar pero su voz no le sale, solo una especie de grito gutural quiere salir de su garganta, es solo un balbuceo. El alcohol se ha adueñado de su espíritu. Solo ríe y llora, hace un pequeño esfuerzo y llama a el hombre por su nombre....
El se va con pasos rápidos, se retira del rancho, no mira para atrás, va dejando su rabia e indignación por el camino
Ella lo ve desde la cama por la puerta abierta de la habitación, pega un grito.
Pronunciando su nombre.....
Rubén Patrizi
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